La Orden Ejecutiva -de dudosa legalidad para muchos expertos- firmada por Donald Trump para salvar por ahora a TikTok en Estados Unidos (y, de paso, la fortuna de su socio y financiador Jeff Yass) es un balón de oxígeno para la app de la empresa china ByteDance, pero no tiene el alcance suficiente como para garantizar su futuro. Así que Instagram ha aprovechado la situación para ir a la caza de los influencers de TikTok, a los que ofrece cantidades de entre 10.000 y 50.000 dólares (de 9.600 a 48.000 euros) para que dejen la plataforma china y se vayan a la suya a hacer reels, que es el producto con el que trata de competir con la app china. Meta ha lanzado incluso una app de edición de vídeos denominada Edits para competir con la popular CapCut, de TikTok, que también se ha visto afectada por el cierre de la empresa en EEUU. Instagram quiere aprovechar la oportunidad para captar audiencia joven, queprefiere la app de ByteDance.
Una serie de televisión china amenaza a los burros de todo el mundo
Hay un animal no comestible cuya importancia económica es vital: el equus asinus. O sea, el burro. Alrededor de 500 millones de personas -tantas como la población de EEUU, Japón y Francia juntas- dependen de él para sobrevivir. El asno es, además, clave en la educación, al liberar a los niños de tareas agrícolas, lo que les permite (a los niños, no a los burros) ir a la escuela. Pero millones de pollinos están siendo sacrificados para saciar la demanda de colágeno de ese animal en China, donde la serie de televisión La Emperadora en el Palacio ha resucitado la superchería de que ese tejido es un curalotodo. Solo Pakistán exporta cada año 216.000 pieles de burro (el 4% de su población) a China, pero las cifras oficiales solo son una fracción del comercio ilegal, en especial en África. Los jumentos corren peligro de acabar como los tigres, los rinocerontes, las vaquitas o los pangolines, que están al borde de la extinción por pseudomedicina china.
India, la gran esperanza de salvación frente a EEUU y al frenazo chino
Si hay un sector que ha crecido de manera notable en los últimos años y al que pueden golpear seriamente los aranceles de Donald Trump es el de las marcas de lujo. La aparición de una clase global de supermillonarios ha disparado el consumo -y el precio- de los productos de lujo y es la causa por las que el francés Bernard Arnault, que es dueño de LVMH -la empresa gala entre cuyas marcas están Louis Vutton, Don Perignon, o TAG Heuer- ha llegado en ocasiones a ser la persona más rica del mundo. Ahora, el proteccionismo trumpiano puede recortar el acceso de esas empresas a su principal mercado, Estados Unidos. Encima, su segundo mercado, China, está recortando el gasto en marcas de lujo a medida que su economía se frena. Aunque, también en Asia, tienen un destello de esperanza: India. Según el banco suizo UBS, ese país tendrá un tres años un millón de millonarios para los que la ostentación va a ser una prioridad.
La letra pequeña de los anuncios de Trump
Es llegar Donald Trump a la Casa Blanca y aparecer grandes proyectos. En este su segundo mandato, el primero es Stargate, un plan de inversión en Inteligencia Artificial (IA) que vende como "la mayor inversión en infraestructura de la historia". Pero la primera fase del proyecto, que es un centro de datos para la empresa de IA OpenAI en el que el gigante del software Oracle provee la infraestructura, ya está en marcha desde la presidencia de Biden. Al anunciarlo, Trump ha dado un papel destacado a su amigo, el dueño de Oracle, Larry Ellison -a sus 80 años como un cañón gracias a la cirugía plástica-, que también quiere el 50% de TikTok. Pero la tecnología será aportada por dos "socios estratégicos": Nvidia (¿quién si no?) y Microsoft. Los mal pensados comparan este anuncio con el de la fábrica de pantallas de Foxconn en Wisconsin en 2017, que aún no ha fabricado nada. Los peor pensados lo ven como una ayuda a Oracle.
El Foro de Davos: un negocio no muy popular pero sí muy rentable
Los antiglobalistas han conquistado EEUU y avanzan en Europa. Pero el gran cónclave de la globalización, el Foro de la Economía Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) de Davos, sigue creciendo. Aunque el fundador, Klaus Schwab, no ha logrado el Nobel de la Paz, que era su sueño, ha creado una institución formidable. En su último ejercicio presupuestario, el WEF facturó 467 millones de euros, un 20% más que en 2019. Cantar las glorias de la globalización no será popular. Pero es rentable. Y sigue teniendo tirón. Este año han acudido a ese pueblo en los Alpes 2.750 personas, que han estado con una oreja en lo que se hablaba allí y otra en lo que decía Donald Trump en Washington, a 6.785 kilómetros de distancia. Fue todo Wall Street, pocos políticos y casi nadie de Silicon Valley, porque estos últimos estaban en el besamanos de Trump. La excepción: Jensen Huang, de Nvidia, que pasó de todo y se fue a pasar el Año Nuevo lunar a Taiwán y China.
El deporte comienza a abandonar las televisionesy se pasa al 'streaming'
Las empresas de streaming le van a comer a las televisiones la retransmisión de acontecimientos deportivos. Al menos, eso parecen indicar los números de Netflix. la empresa fundada por Reed Hastings pulverizó en el último trimestre de 2024 todas las previsiones, pero muy especialmente la de nuevas suscripciones, que rozaron los 19 millones, casi el doble de lo esperado por el mercado. El alza ha sido atribuida en buena medida a la retransmisión de dos partidos de futbol americano el día de Navidad y de un combate de boxeo organizado por la propia Netflix entre el mítico (y decrépito) Mike Tyson y Jake Paul en noviembre. El streaming de deportes es la última línea de ataque de las plataformas digitales, con Apple teniendo acceso exclusivo a la liga de futbol de EEUU y Canadá y con Amazon entrando en un consorcio con ESPN (Disney) y NBCUniversal (Comcast) para repartirse la NBA.